Jueves Julio 15, 2010 10:13
Adriana Calcanhotto y Marianne Faithfull – 9 de julio – Crónica del concierto en el escenario Puerta del Ángel
Publicado por blogger como Eventos y actividades
¿Qué distingue a los grandes músicos de aquellos que no lo son? Muchas cosas, por supuesto. Sin embargo, en estos tiempos que corren, tiempos en los que los discos de estudio y las actuaciones en directo son cada vez más un asunto de producción (con Internet por en medio o no), sólos los grandes artistas son capaces de plantarse en medio de un escenario con una guitarra o un piano como única compañía, mirar al público de frente y ofrecer dos horas de música maravillosa. Sólo ellos saben hacerlo. El resto tienen que recurrir a estruendosos efectos luminosos, trajes esperpénticos, sofisticados decorados y decenas de amplificadores (como bien pudimos ver recientemente en Rock in Rio). El objetivo de estas mastodónticas producciones, además de atraer a un público masivo, no es otro que el de ocultar las carencias musicales de los artistas, los fallos en la voz, las pérdidas de memoria y, a veces, la desgana.
Adriana Calcanhotto y Marianne Faithfull no necesitaron nada de eso el viernes pasado en la casa de campo, en los conciertos de los Veranos de la Villa. Las dos salieron a un escenario vacío, completamente vacío. Sólo un micrófono, una silla y un soporte para la guitarra. Los grandes artistas no necesitan nada más. Ninguna dio el concierto de su vida. Pero ambas nos hicieron vibrar y demostraron en qué consiste esto de la música.
Adriana Calcanhotto se presentó puntual vestida con el elegante y a la vez sencillo traje rojo, con mantón amarillo, al que ya ha recurrido en anteriores ocasiones. Un vestido muy emparentado con la indumentaria del fado.
Tras interpretar de pie un tema a capella, como para dejar bien claro a lo que venía, se sentó tranquilamente y fue desgranando temas propios y ajenos. Al principio interpretó temas conocidos sólo por los más aficionados a su repertorio, como Mais Feliz, del disco Maritmo, Sem Saída, de Maré (canción en la que cambió a la guitarra acústica para conseguir hermosos efectos distorsionadores) Justo Agora, el segundo corte de Cantada, para mí su mejor disco, o la alegre Bim Bom, de su último disco y segunda entrega de música para niños, Partimpim Dois.
Como es habitual en ella (y yo diría que en todos los grandes) dedicó un apartado extenso a interpretar canciones de otros autores, como Vinicius de Moraes, del que cantó las legendarias Ela é carioca, con su inconfundible aroma a bossa nova, y Eu sei que vou te amar, una maravillosa canción de amor incondicional con la que se sintió identificado más de uno. También recorrió algunas de sus versiones predilectas, como el Clandestino de Manu Chao, Music de Madonna o el guiño a Almodovar con Resistiré, del Dúo Dinámico.
En el tramo final no hubo sorpresas y, como era de esperar, interpretó una por una las canciones que el público esperaba, la sensual Vambora, la angustiosa y existencial Esquadros y la luminosa Fico Assim Sem Você (de su primer disco para niños, Adriana Partimpim).
Y así, después de dos horas de concierto, se puso de nuevo su manto amarillo y nos dejó con unos samplers grabados. No fue su mejor concierto, la voz le falló en varias ocasiones cuando intentó recorrer escalas altas y pudo ser más emotiva en la interpretación de algunas canciones. Pero fue Adriana Calcanhotto. Una mujer capaz de conseguir que un escenario vacío parezca un planeta lleno de magia, de color y de amor.
A los pocos minutos, todavía con el regusto de la brasileña en el corazón, salió Marianne Faithfull con sus sesenta y tres años, un vaporoso vestido negro y el guitarrista Doug Pettibone como acompañante. Como aglutinadora de tendencias, que es tal vez la etiqueta que mejor la define, transitó por temas de otros, como el Down from Dover de Dolly Parton, o The crane wife, de los increíbles The Decemberists (toda una sorpresa este tema).
Entre apláusos del público y gritos que le recordaron su espléndida actuación en la película Irina Palm, cumplió con sus clásicos de siempre, The balad of Lucy Jordan, Broken English, Sister Morphine o As tears go by.
Sin olvidarse de su último disco, Easy come, easy go, con la canción Sing me back home (en la que hizo el comentario más gracioso del concierto, al confesar que las canciones sobre cárceles siempre le han gustado mucho, aunque ella no haya estado allí casi nunca), regaló dos temas impagables, Strange Weather, compuesto por el estratosférico Tom Waits, y Crazy Love, del extraordinario extraterrestre Nick Cave.
A ver quién le tose a semejante mujer después de esta apoteosis de gigantes. Ni el sonido de la guitarra (para mi gusto demasiado alto) ni los técnicos que manejaron los focos del escenario Puerta del Ángel (que, no sé por qué, se volvieron locos y se dedicaron a lanzar haces de luz contra los espectadores, deslumbrando a todo el mundo), consiguieron afear un espectáculo íntimo y poderoso.
Cuando todo terminó, el escenario volvió a quedar vacio. Aunque, ¿no había estado siempre vacío? Un encantamiento lo envolvió unas horas y todos los allí presentes tuvimos un sueño maravilloso. Después se desvaneció y regresamos a la tristeza, al dolor y a la soledad. Pero con la certeza de que, durante un instante, de alguna manera, escuchando música, tomándonos de la mano, coreando las letras de las canciones y cerrando los ojos, fuimos felices.


